sábado, 11 de octubre de 2008

Puntos suspensivos

Lo malo del amor, cuando termina,
son las habitaciones ventiladas,
el solo de pijamas con sordina,
la adrenalina en camas separadas.

Lo malo del después son los despojos
que embalsaman los pájaros del sueño,
los teléfonos que hablan con los ojos,
el sístole sin diástole ni dueño.

Lo más ingrato es encalar la casa,
remendar las virtudes veniales,
condenar a galeras los archivos.

Lo atroz de la pasión es cuando pasa,
cuando al punto final de los finales,
no le siguen dos puntos suspensivos.


Joaquín Sabina,
en su libro Ciento volando de catorce (2001).

2 comentarios:

sin peras en el olmo dijo...

y lo peor, peor de todo... es que es asquerosamente cierto... (pero al menos aquí caben los puntos suspensivos)

Belcebú dijo...

y también es asquerosamente cierto que te quedas con la sensación de que, de los dos implicados, solo tú eres quien tiene esa sensación y ese sentimiento... mientras la otra persona queda como por encima (lo cual no es cierto), fría, distante, inalterable (eso sí lo es), y con la sensación de que tú siempre añadirías dos puntos suspensivos al punto final de los finales y ella... ella puso el punto final y empezó a escribir en otro cuaderno hace tiempo.

Al menos aquí caben esos puntos, G. Que sigan cabiendo...