Para mí es un privilegio publicar un poema de Elena Escribano en mi humilde blog.
Elena es la profesora del Taller de Poesía de la UPV.
Gracias a ella he descubierto y aprendido tanto… la admiro, como poeta y como persona.
Algunas veces he hablado sobre ella en La cueva nítida: cuando recibió el premio de poesía Gerardo Diego 2006, en Soria, cuando dio un recital en La casa del libro, en Valencia y Ángel González vino a dar otro a la Biblioteca Valenciana, cuando fue su cumpleaños y lo celebramos de un modo inesperado…
Aquí está junto a Ángel González en unas jornadas a las que tuve la oportunidad de asistir, en agosto de 2005, en los cursos de verano de El Escorial.
Elena es la profesora del Taller de Poesía de la UPV.
Gracias a ella he descubierto y aprendido tanto… la admiro, como poeta y como persona.
Algunas veces he hablado sobre ella en La cueva nítida: cuando recibió el premio de poesía Gerardo Diego 2006, en Soria, cuando dio un recital en La casa del libro, en Valencia y Ángel González vino a dar otro a la Biblioteca Valenciana, cuando fue su cumpleaños y lo celebramos de un modo inesperado…
Aquí está junto a Ángel González en unas jornadas a las que tuve la oportunidad de asistir, en agosto de 2005, en los cursos de verano de El Escorial.
Hoy voy a poner un poema suyo, creo que el que más me gusta de su libro Reincidencias: La tormenta.
Recuerdo la primera vez que lo leí. Fue en su casa, cuando estaba repasando los poemas antes de presentarlos a algún premio. Me sobrecogió. Describe perfectamente esas sensaciones que todos, en algún momento, hemos sentido. Os dejo con él.
Recuerdo la primera vez que lo leí. Fue en su casa, cuando estaba repasando los poemas antes de presentarlos a algún premio. Me sobrecogió. Describe perfectamente esas sensaciones que todos, en algún momento, hemos sentido. Os dejo con él.
La tormenta
Y comienza
creciendo la intemperie
dentro del corazón.
Se levantan los brazos del mar
agitando las velas desgarradas,
y todo a la deriva.
Se tambalean los bultos enormes y mal atados
de los recuerdos,
se desplazan por la cubierta abarrotada
los toneles rotos de la prudencia
y las cajas mal cerradas de las viejas heridas.
El viento convierte en papel
el duro trabajo de años en los astilleros de la vida.
Y el cielo con todos los colores de lo oscuro
bramando por encima de nosotros
en evidente desamparo.
Y sólo ha sido el perfume que él llevaba
y que ha vuelto,
por sorpresa,
dios sabe desde qué chaqueta desconocida
al fondo del autobús.
Y comienza
creciendo la intemperie
dentro del corazón.
Se levantan los brazos del mar
agitando las velas desgarradas,
y todo a la deriva.
Se tambalean los bultos enormes y mal atados
de los recuerdos,
se desplazan por la cubierta abarrotada
los toneles rotos de la prudencia
y las cajas mal cerradas de las viejas heridas.
El viento convierte en papel
el duro trabajo de años en los astilleros de la vida.
Y el cielo con todos los colores de lo oscuro
bramando por encima de nosotros
en evidente desamparo.
Y sólo ha sido el perfume que él llevaba
y que ha vuelto,
por sorpresa,
dios sabe desde qué chaqueta desconocida
al fondo del autobús.
