En las tardes azules de verano, iré por los senderos,
picoteado por los rastrojos, a pisar la hierba menuda:
sentiré, soñador, su frescura en los pies,
y dejaré que el viento bañe mi cabeza desnuda.
No hablaré, ni pensaré en nada,
pero el amor infinito me inundará el alma,
y me iré lejos, muy lejos, como un gitano,
por los campos, feliz como una mujer.
De Arthur Rimbaud (Marzo, 1870)
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jueves, 24 de junio de 2010
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